Algunos piensan que en el amor existe “la otra mitad”, la “otra parte de nosotros”, la “media naranja”. Eso supondría que los hombres y las mujeres venimos incompletos y necesariamente buscamos en el amor a quien nos complete, como si fuéramos un rompecabezas. Si esto fuera así, el amor queda rebajado a mera necesidad. Todos necesitaríamos encontrar “la otra parte” y aquellos que no la encuentran se quedarían incompletos para siempre. Cada persona es única y
completa en sí misma. No hay que buscar a otra persona para lograr ser uno mismo. No exis
ten “mitades” en el amor. El amor es una plenitud no porque reúna partes fragmentadas sino porque cada singularidad puede darse por entero a la otra persona sin sentirse cercenada, recortada, retaceada, mutilada. El amor no reúne mitades, no arma y desarma. No es un juego para
ten “mitades” en el amor. El amor es una plenitud no porque reúna partes fragmentadas sino porque cada singularidad puede darse por entero a la otra persona sin sentirse cercenada, recortada, retaceada, mutilada. El amor no reúne mitades, no arma y desarma. No es un juego para completar. Es cierto que a veces sentimos que la otra persona nos plenifica, nos potencia, nos llena, nos colma. Sin embargo, esto no es porque estemos incompletos y frustrados sino porque la otra persona, con su propia abundancia, hace redundar el contraste de nuestra singularidad.


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